martes, 3 de abril de 2007

Fervor costalero en la tenderina


«¡Viva el Santo Cristo de la Misericordia y que vivan los costaleros! ¡Ánimo, al cielo con ella!». Podía haber sido la arenga del capataz de la Macarena en Sevilla, pero lo fue a las puertas de la iglesia de San Francisco Javier en la Tenderina.

Pasada la una y cuarto de la tarde, tras la misa de bendición de ramos, cientos de fieles se arremolinaron a las puertas del templo para acompañar al Cristo de la Misericordia en procesión. La ocasión lo merecía.

Por primera vez, este año la imagen procesionó sobre una parihuela, una estructura de madera de estilo andaluz bajo la que se escondían cuarenta costaleros. Fueron algunos de ellos los encargados de sacar del templo a hombros la imagen de Nuestro Señor crucificado y, bajo una lluvia de pétalos de flores, colocarla sobre el paso, decorado con cirios y claveles, en una ceremonia aderezada por los aplausos de los asistentes y la bendición del párroco de San Francisco Javier, Alberto Reigada, quien bajo un cielo soleado tomó el hisopo para de bendecir la parihuela y recordar a los presentes la muerte de Cristo «por todos nosotros».

Bajo los acordes de cornetas y tambores de la Agrupación de San Salvador, se escucharon los tres aldabonazos del «martillo», un cruz colocada en lo alto de la parihuela y con la que el capataz da la orden de salida a los costaleros. Ataviados con deportivas, vaqueros y faja negra para proteger los riñones, escondidos bajo un faldón azul, los jóvenes se colaron bajo la parihuela y tras recibir el ánimo de los asistentes alzaron «¡al cielo!» la imagen.

En torno a las tres y media de la tarde, la imagen regresaba al templo y era introducida bajo los sones de una saeta.

Fuente: LNE

La Hermandad de los estudiantes de la Tenderina comienza su andadura


Llevan semanas ensayando de noche. Miden sus fuerzas y su resistencia para poder cargar con la imagen del Cristo de la Misericordia como lo hacen los costaleros en el sur de España. Ellos son pioneros en el Norte. «De Madrid a aquí no hay nadie que lleve así un paso», asegura Carlos Gustavo Pérez, uno de los cuarenta costaleros que hoy en torno a la una y media de la tarde saldrán de la iglesia de San Javier, en la Tenderina, con el paso del Cristo de la Misericordia.

Son las once de la noche del viernes y en una cochera de la calle San Melchor, en los Dominicos, hay muchos más jóvenes de lo habitual. No han quedado para salir de copas, sino para ensayar. Se trata de soportar sobre el cuello de todos ellos los 600 kilos que pesa la imagen y la estructura sobre la que va apoyada, colocándose en la cabeza el costal, un pedazo de arpillera que lleva enrollado un cilindro almohadillado, la «morcilla».

«De esta forma el peso recae sobre el cuello», comenta Pérez mientras repasa los últimos detalles de la parihuela, una estructura de madera de de 4,20 x 2,10 metros y sobre la que se colocará la imagen del Cristo, que los propios costaleros sacarán del templo a hombros. Con ocho «trabajaderas» o travesaños de madera, la clave para transportar la imagen es repartir las fuerzas entre los cinco costaleros de cada una de ellas, ataviados todos ellos con una faja para proteger los riñones.

Sobre la parihuela, elaborada en la localidad jienense de Torredonjimeno por el prestigioso imaginero José Miguel Tirao Carpio, los costaleros tienen pensado procesionar desde la iglesia de San Javier, por la calle López del Vallado, Comandante Janariz y la avenida de Torrelavega, un itinerario de más de un kilómetro.

La idea de acercar la tradición sevillana a la Semana Santa ovetense a través de la introducción del costalero se gesta en 2001, cuando un grupo de incondicionales de las procesiones sevillanas funda la Agrupación Musical San Salvador de Oviedo y la banda de música del mismo nombre, formación que rescata los sonidos del Sur en estas fechas.

Su esfuerzo se traduce después en la invitación por parte de la Hermandad de la Macarena de la Semana Santa sevillana a dos de los socios a un congreso de capataces y costaleros, siendo ellos los únicos de otra provincia en participar. Y el sueño de importar la tradición sevillana se convierte en obsesión. «Decidimos sacar en procesión al Cristo de la Misericordia como costaleros, algo muy distinto a lo que hasta ahora se ve en Oviedo, con imágenes pujadas a hombro o sobre ruedas», comenta Carlos Gustavo Pérez, al tiempo que repone fuerzas con un trozo de bizcocho, receta sureña, e invita a un poco de la limonada, tradicional en estas fechas.

Comienza a llover a medianoche, pero el grupo no desiste y procesiona con la parihuela desde los Dominicos hasta la plaza del Ayuntamiento. El año pasado sacaron en procesión por primera vez al Cristo, aunque sin andas. Este año lo harán con parihuela y para el próximo estudian convertirse en hermandad. La llamarán «la de los estudiantes» por la juventud de sus miembros.

Fuente: LNE

Las familias de Oviedo pagan mas impuestos al Ayuntamiento que las de Gijon


El PSOE asegura que una familia de cuatro miembros de Oviedo paga una media de 484 euros más de impuestos al Ayuntamiento que otra similar de Gijón. Ésta es una de las conclusiones de un estudio elaborado por el PSOE sobre la carga fiscal en 84 municipios españoles de más de 75.000 habitantes. En el ranking elaborado por los socialistas, Oviedo se sitúa en el décimo puesto, mientras que Gijón está en el puesto número 67.º y Avilés, en el 74.º.

Los socialistas han basado su informe en los impuestos directos e indirectos recaudados por los ayuntamientos en 2004, con datos de las liquidaciones de los presupuestos locales obtenidos de la Dirección General de Coordinación Financiera con las Entidades Locales.

Según sus conclusiones, entre Oviedo y Gijón hay una diferencia per cápita de 121 euros anuales en el pago de impuestos locales. «Lo que quiere decir que para una familia de cuatro miembros la diferencia es de 484 euros anuales, es decir, 80.000 pesetas menos de impuestos municipales en Gijón que en Oviedo al año», señala el informe.

La explicación de esta diferencia en el pago de tributos locales la encuentran los socialistas en que los principales impuestos, que pesan más sobre las economías, son más altos en Oviedo que en Gijón.

Del listado de ciudades analizadas, el PSOE destaca una relación de 13, seleccionadas por ser «similares y próximas» a Oviedo, en la que la capital asturiana se sitúa en los primeros puestos por impuestos municipales per cápita. Según estos datos, en Oviedo se pagan 314,69 euros de impuestos directos y 64,74 de impuestos indirectos, lo que da una cantidad anual por habitante de 379 euros. Los primeros puestos de esta lista elaborada por el PSOE están ocupados por ciudades gobernadas por el PP, por lo que los socialistas concluyen que la mayor carga fiscal de Oviedo se debe al «modelo de gestión» aplicado por los populares cuando alcanzan los gobiernos locales.

El informe elaborado por el PSOE analiza el caso concreto del Impuesto de Bienes Inmuebles, basándose en esta ocasión en la cifra de ingresos por este impuesto que se refleja en los presupuestos municipales de Oviedo y Gijón de este año. El PSOE divide la cuantía total de los ingresos estimados por IBI por el número de habitantes censados, y llega así a la conclusión de que en Oviedo se pagan 62 euros más de IBI que en la ciudad costera. El IBI medio -según la fórmula empleada en el estudio- será de 159,25 euros en Gijón, y de 221,31 euros en Oviedo. El Ayuntamiento ovetense espera ingresar, según se refleja en el presupuesto de 2007, 47,5 millones de euros por este impuesto, mientras que los presupuestos del Ayuntamiento de Gijón prevén cobrar por el mismo tributo 43,7 millones de euros.
La deuda

El estudio elaborado por el PSOE también incide en otra variable de la gestión económica local, la deuda, y con un resultado igualmente desfavorable para el Ayuntamiento de Oviedo, regido por el PP. Según el PSOE, la deuda municipal de Oviedo, incluyendo los 41 millones que debe la sociedad Cinturón Verde, asciende a 191.587.000 euros, lo que dividido entre la población censada en la capital -214.883 personas- arroja una cifra de 891,58 euros por habitante de deuda con los bancos. En Gijón estiman que la deuda municipal se sitúa en 154.664.951 euros, lo que repartido ente los 274.472 gijoneses censados arroja una deuda per cápita de 563,5 euros.

Los gastos financieros -los recursos que anualmente se destinan al pago de la deuda, incluyendo amortización de capital y pago de intereses- también son mayores en Oviedo que en Gijón, según el análisis comparativo del PSOE. En Gijón el pago de la deuda consume 5,5 millones de euros, frente a los 7,2 millones que destina a este fin el Ayuntamiento de Oviedo. Cada gijonés asumiría 20,26 euros, mientras que el gasto por ovetense se eleva a 33,5 euros.

Fuente: LNE

Alfonso II, el Casto, merece mas


No fueron fáciles los primeros años de la vida de Alfonso II el Casto. Nacido en Oviedo, que había fundado su padre, Fruela, las intrigas de quienes mal miraban a su hijo, temerosos de que heredase la ferocidad de su padre, le apartaron del trono prefiriendo por rey al gris Aurelio, al que se le rebelaron los siervos. Murió en San Martín, donde la leyenda dice que fue enterrado. Era el primero de los cuatro reyes espurios que apartaron al Casto del trono; el segundo fue Silo, casado con Adosinda, hija, como Fruela, de Alonso I el Católico, y tía del príncipe Alfonso. A la muerte de Silo la corona fue usurpada con violencia por Mauregato, hijo bastardo de Alonso I, tras levantarse con la ayuda de los moros contra su sobrino Alfonso, que tuvo que huir para ponerse a salvo. Alfonso el Casto por fin fue ungido rey el 14 de septiembre de 791, que Oviedo celebra en la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, sustituyendo a su tío Bermudo el Diácono.

En los 51 años que iba a durar el reinado del rey Casto, éste combatió con éxito a los invasores árabes, a los que expulsó de un amplio territorio, y «refundó» Oviedo, «donde nació y renació», o fue bautizado. Ciudad que mereció su atención, según nos relata la crónica, «entre las obras que se cuentan de este rey, una es haber ennoblecido a la ciudad de Oviedo, edificando en ella muchas iglesias y monasterios, y haciendo tales fábricas que desde entonces pareció ser corte, según la adornó y autorizó, y así fue el primero que se intituló rey de Oviedo, que los demás no se habían tenido sino de reyes de Asturias. Ya en tiempos pasados, su padre, el rey Fruela, había comenzado la ciudad, (...), pero no se preciaban los que gobernaban a Asturias del título de reyes de Oviedo hasta que con los acrecentamientos y adornos que puso en su mano el rey D. Alfonso el Casto, se hizo tan ilustre ciudad, que tuvieron por bien los sucesores de llamarse reyes de Oviedo».

En efecto, Alfonso el Casto dotó a Oviedo de iglesias, monasterios, de una sólida muralla defensiva y un espacioso palacio real. Encañó el agua desde los manantiales del Campo del Moro, en la Granda del Anillo de Los Arenales, que llevó abundante a los vecinos del burgo y a los reales palacios. Creó el obispado, metropolitano en principio, y en esta ciudad estableció una corte a semejanza de la visigótica de Toledo, confiriendo al incipiente reino leyes y moneda. Los montaraces y aguerridos dignatarios, que hasta entonces se titulaban príncipes, comenzaron a usar el más propio de reyes de Oviedo.

Siempre me pareció que Oviedo estaba en deuda de agradecimiento con este monarca porque no tenía siquiera un título de calle o plaza que llevara dignamente su nombre. Cierto es que había un Instituto de Enseñanza media denominado como tal, y también una plaza, en lo más noble de la ciudad. Pero ésta era más conocida, por la fuerza de la lógica, como de la Catedral; además, estaba disminuida por el lado de Poniente por el tramo de la calle de la Rúa y al Norte por la de Eusebio González Abascal, título que, contra toda lógica urbanística, comprende el tramo desde la plaza de Porlier hasta la calle del Águila.

Recuerdo cómo Luis Alberto Cepeda, gran admirador del rey, lamentaba la falta de grandeza municipal ignorando a Alfonso el Casto y no dándole el nombre a una gran avenida que tuviese futuro urbanístico, como podía haber sido la de la urbanización de La Florida u otra semejante. En aquella tertulia de apasionados por Oviedo quedó bastante claro que este rey, al que ya denominábamos como «el mejor alcalde que haya tenido Oviedo», necesitaba un recuerdo más acorde con lo que había hecho por la ciudad. Esto coincidía en el tiempo con que yo estaba acotando en fichas los tres tomos de «La crónica general de la Orden de San Benito», escrita entre el final del siglo XVI y principios de XVII por el fraile Antonio de Yepes, en donde en la página 397 refería que uno de los monasterios fundados por Alfonso II el Casto había sido el de San Juan de las Dueñas, después titulado de San Pelayo. Allí explicaba:

«Se precian tanto las monjas de este sagrado monasterio porque en memoria del rey fundador hacen cada año un aniversario, cantando una vigilia con su misa por el alma de D. Alfonso el Casto el día de San Ildefonso, en el cual también la iglesia mayor tiene el mismo cuidado cantando una solemne vigilia y misa de réquiem, y al cabildo acompaña el corregidor y regimiento de la ciudad; después los unos y los otros, así los canónigos y las monjas, van a decir los responsos a la sepultura del rey D. Alfonso el Casto; ellos entran en la iglesia de Santa María, a los pies de ella, donde está el rey enterrado con otros reyes, y ellas cantan el responso en su claustro, cuya pared es la misma que la de la iglesia de Santa María, donde antiguamente hubo puerta, por donde los monjes iban a decir las horas (canónicas), y se oyen las voces y música que en ambas partes se cantan, y las monjas perciben el responso que dice la iglesia mayor y la ciudad al rey Casto, y ellos aguardan a que las monjas digan, asimismo, el responso y cumplan sus obligaciones (É)».

Pensando en hacer un acto cívico de homenaje a Alfonso el Casto, asociado a la función fúnebre del responso, el texto era como un guión adecuado al fin que nos proponíamos: unir lo laico y popular a lo religioso.

La idea de recuperar el tradicional funeral fue enriqueciéndose con abundancia de datos que contenían los archivos de la Catedral, del Ayuntamiento y del Histórico Provincial de la calle del Águila. Uno de ellos, principal para el rigor del acto, era datar la muerte del monarca. Fue una exigencia del siempre purista Joaquín Manzanares. En efecto, aunque se había producido alguna discusión sobre esta fecha, la diligencia con que actuó el canónigo archivero D. Raúl Arias facilitó como dato indiscutible el 20 de marzo de 842. El mismo canónigo, entusiasmado con lo que se estaba preparando, escribió la oración fúnebre que aún se dice, que deseamos no sufra alteración, tanto por el amor con que recuerda a los reyes, reinas e infantes, como porque su aportación sirva para el recuerdo del gran hombre que amó casi tanto a Oviedo como a su entrañable Ribadesella.

El aspecto musical resultó un problema complicado. Se pretendía que las monjas benedictinas de San Pelayo cantasen su responso desde el «claustrillo», como antaño, como explicaba el libro de Yepes, para ser escuchado en la capilla de Santa María del rey Casto, con los asistentes guardando respetuoso silencio. Pero la ciudad, mucho más ruidosa, impedía que llegase el cántico de las monjas, dificultado además por la configuración arquitectónica moderna, desaparecidos los amplios ventanales sustituidos por gruesos muros de mampostería. La misma capilla prerrománica, humilde pero cargada de historia, la había convertido el obispo Reluz, a principios del siglo XVIII, en una sólida construcción recargada en exceso y con pretensiones de basílica.

Cabía la posibilidad de que las monjas acudieran a la Catedral a cantar. Las rigurosas normas canónicas de la clausura se habían atenuado bastante con el tiempo y las entrañables «pelayas» hasta estaban dispuestas a hacerlo por cariño a «su» rey. Se resolvió el problema con una solución intermedia: se instaló un eficaz sistema de megafonía, con tan excelente resultado sonoro que algunos asistentes buscaban el emplazamiento de las monjas, creyendo que estaba en el propio recinto de la capilla. Se dieron cuenta cuando hubo una ligera confusión en los tiempos -no había enlace de retorno por abaratar costes-, al solaparse un rezo en la capilla con la entrada de un dulce y triste miserere cantado desde el monasterio.

El pago de este artilugio fue la única aportación económica municipal al acto, que suponemos haya cobrado el técnico, amigo y con quien discutimos el precio hasta rebajarlo a un coste casi simbólico. Es de suponer que haya cobrado porque al menos nunca nos reclamó nada. Aunque, para ser completamente honestos, debemos decir que Antonio Masip también ordenó pagar tres candelabros de bronce, cuya elección hizo Charo, miembro de la Asociación de Amigos de la Catedral y propietaria del desaparecido comercio Casa Collado, de la calle de San Antonio. Ahora están depositados en la sacristía de la Catedral, en espera de tiempos mejores, cuando se vuelva a colocar los velones ante la tumba del rey, si es que se recupera la tradición algún día.

Sorprendía que en cada aniversario apareciese el panteón real delicadamente adornado con flores. Nadie se explicaba de dónde podía salir el dinero para semejante gasto. El secreto, compartido por los íntimos, era que el fiel Infanzón, que Dios haya, diligente empleado catedralicio, seleccionaba y recuperaba las flores más hermosas de la boda de fecha anterior al funeral y las disponía con exquisito arte en el recinto funerario. Lo hacía con especial cariño, con aportación espontánea, alabando siempre que el rey se lo merecía por lo mucho que había hecho por Oviedo.

En este ambiente cívico-religioso se hacía el acto, breve, intenso y reivindicativo. Los cronistas de Asturias y Oviedo introducían a los oradores, explicaban que el protagonista del acto era el rey. Quienes hablaban a continuación, ya advertidos seriamente sobre quién era el protagonista, cumplieron en general, excepción hecha de Masip, que cuando le correspondió hablar en el segundo año de la celebración se le hizo saber que se le suspendería la amplificación si no se ceñía al asunto que motivaba el acto, aún así, en cierta forma defendiendo a Oviedo, como lo había hecho el propio rey, se puso a defender que «el corredor del Cantábrico» discurriese por el interior y no por la costa. Se le dio un toque de atención y cuando vio que lo de dejarle sin sonido iba en serio, abrevió y volvió al asunto que motivaba el acto.

Los sucesivos aniversarios fueron desarrollándose con relativa normalidad. Hubo cambios en la Presidencia de la Junta General del Principado, también en la Alcaldía de Oviedo, cuando Gabino de Lorenzo desplazó a Antonio Masip. Joaquín Manzanares se enfadó con el cabildo porque se negaba a variar la posición de la tapa del sepulcro del «joven Itacio»; no quiso presentar más a los oradores, pero fue sustituido por Luis María Fernández Canteli, que desde la sombra también había trabajado lo suyo por sacar adelante la recuperación del responso del mejor alcalde que jamás había tenido Oviedo.

Un día, las monjas benedictinas fueron a cantar a la Catedral. Ocuparon los asientos capitulares en la capilla mayor, desde donde cantaron con la dulzura y el amor de siempre sus oraciones fúnebres. Se había roto la tradición de hacerlo desde el monasterio inmediato. También se eliminó la tradición de asistir las autoridades de la Junta del Principado de Asturias, ni se invitó al párroco de San Tirso. Lo más grave para el acto, aunque posiblemente cómodo para los oficiantes, fue que se hizo todo desde la capilla mayor de la Catedral, sin acudir al panteón real a decir el responso, lo que motivó la indignación de los iniciadores del acto, alguno de ellos convencido republicano, lo que no era óbice para que reconociesen cuánto había hecho un rey por Oviedo.

En su furor advertían que ya suponían que esto iba a suceder. Agravó la situación que la Fundación Príncipe de Asturias declinó participar en el acto por considerar que no entraba en su ámbito: meses después, esta institución participó en un acto de divulgación sobre la miel en la zona de Aller. Los republicanos volvieron a la carga: «¡Y nosotros qué hacemos aquí!».

Hoy no hay presencia cívica notoria en el acto, en parte porque han desaparecido muchos de los iniciadores y los laicos que podrían tomar el relevo, como Rodrigo Grossi o José María del Viso, no parecen estar dispuestos a comprometerse. ¿Desaparecerá el ya tradicional responso cuando los canónigos se cansen? Deseamos sinceramente que no, y con la misma fuerza deseamos también que, además de la Iglesia, participe el pueblo de Oviedo por medio de sus representantes laicos y digan lo que tienen que decir del rey Alfonso II el Casto.

Fuente: La Nueva España